

La histórica firma de calzados fundada en la década de los ’80 anunció el cierre de su planta industrial de Beccar, provincia de Buenos Aires, antes del fin de abril 2026.
En la actualidad, trabajan 50 operarios, cuando en 2023 llegó a emplear a 400 personas. En 2021, la fábrica alcanzó una producción de 3.000 pares diarios.
La medida consolida un fuerte proceso de ajuste y retracción productiva, en tanto a los trabajadores se les ofrecieron acuerdos de desvinculación con indemnizaciones del 60 y 70%.
En un comunicado, la empresa señaló que “atraviesa un proceso de reestructuración interna orientado a adecuar su operación y garantizar la sustentabilidad del negocio en el largo plazo”, y afirmó que el objetivo es “consolidar una estructura sólida que permita a la marca continuar activa y proyectarse hacia el futuro”. En la práctica, la compañía abandonará la producción local para reconvertirse en una importadora de zapatillas terminadas, manteniendo en el país únicamente el personal administrativo indispensable.
La compañía no importará directamente desde China debido a la vigencia de medidas antidumping sobre el calzado de ese origen. Desde 2021 rige un valor FOB mínimo de 15,70 dólares por par para el ingreso de calzado chino, una barrera que sigue vigente mientras se revisa la normativa. Por eso, la empresa migrará sus compras hacia otros polos asiáticos como Vietnam o Tailandia.
El caso de JOHN FOOS vuelve a poner en discusión el impacto de la apertura económica sobre la industria nacional, en un escenario en el que cada vez más empresas optan por reemplazar producción local por importaciones para sostener su competitividad.
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