

Merlot se posiciona como tono de base para líneas de calzado, con aplicaciones en cueros lisos y gamuzas, y con una lectura que privilegia profundidad cromática y continuidad de colección. En la página, el color se articula en modelos planos y en propuestas con más presencia de suela, mostrando cómo un mismo tono puede adaptarse a perfiles urbanos diversos.
En materiales, Merlot funciona tanto en acabados brillantes como en superficies mate. En cuero, la clave está en la uniformidad del teñido y en el control de brillo; en gamuza, la consistencia del nap y la estabilidad del tono entre partidas. El color también se despliega en detalles: piezas de empeine, tiras y zonas de refuerzo, lo que permite modular intensidad sin saturar el producto.
A nivel de combinaciones, Merlot convive con negros (capellada o fondo), con marrones oscuros y con acentos cálidos. En suelas, se observa una preferencia por bases oscuras o neutras para sostener un conjunto compacto. El resultado es una paleta orientada a uso urbano, donde el color opera como señal de identidad sin depender de estampas.
Para desarrollo y compras, el punto crítico es el control de lote: Merlot exige consistencia porque pequeñas variaciones de rojo se perciben rápidamente en serie. Definir estándares de color (muestras físicas, tolerancias y verificación por partida) evita desvíos. En terminaciones, costuras y bordes deben acompañar el tono; y si se combinan materiales, se requiere armonizar absorción de tinte y reflectancia. Así, Merlot se vuelve un recurso de colección replicable, con foco técnico en estabilidad, acabado y coherencia entre componentes.








