

Las ballerinas se presentan como soporte de superficie, con un desplazamiento hacia estampas y textiles que ganan protagonismo en el bajo cerrado. En la lectura de página conviven animal print (leopardo y cebra), tejidos con motivo (jacquard o punto) y combinaciones que mezclan color base con dibujo para generar contraste sin alterar la morfología clásica.
En términos de construcción, la categoría se apoya en capelladas de bajo volumen y líneas limpias, lo que vuelve a la superficie el principal diferencial. Se observan escotes redondeados, variantes tipo Mary Jane con tira delgada y versiones de boca simple. Cuando el foco está en tejido, el desafío industrial se concentra en la estabilidad dimensional y en la resistencia a la abrasión en puntera y laterales. En animal print, el control pasa por la repetición del dibujo, la direccionalidad del pelo (si corresponde) y la consistencia de tono entre lotes.
El mix de materiales también aparece como recurso: textiles estampados con vivos o ribetes lisos, y opciones donde el interior se mantiene neutro para facilitar calce y confort. En fondos, la tendencia se sostiene en alturas bajas, con suelas discretas que no compiten con la capellada; esto habilita trabajar el diseño desde componentes blandos (forros, ribetes elásticos) sin incrementar la rigidez.
Para compras y planificación de colección, estas ballerinas funcionan bien en series cortas y en propuestas de rotación rápida, porque el mismo molde puede sostener múltiples lecturas mediante materialidad. En términos de proveedores, el punto crítico está en asegurar abastecimiento estable de textiles y calidad de impresión, además de definir refuerzos puntuales para alargar vida útil sin cambiar el perfil del bajo.














