

El origen de los mocasines con esa costura fruncida tan característica (a menudo llamada técnicamente costura tipo delantal o “apron toe” en inglés, o “froncé” en francés), donde el cuero del empeine se une a la pieza lateral frunciéndose sutilmente debajo del costurón, es una fascinante mezcla de calzado indígena norteamericano, con la evolución industrial y diseño europeo.
La palabra "mocasín" proviene del vocablo “makasin” de las lenguas algonquinas (habladas por tribus nativas de Norteamérica). El calzado original consistía en una sola pieza de cuero blando de reno o ciervo que envolvía el pie por debajo y los lados, y se unía en la parte superior con una segunda pieza de cuero en forma de U (el empeine o pala).
Para adaptar el cuero plano a la forma tridimensional y curva del pie, los artesanos nativos debían fruncir el cuero manualmente al coserlo. Ese fruncido debajo de la costura principal no era un adorno: era la única forma técnica de dar volumen a la puntera sin cortar el cuero en múltiples piezas.
A medida que el mocasín pasó de la producción artesanal a la industrial, el fruncido debajo del costurón se convirtió en una marca de identidad y sofisticación técnica.
Fueron los artesanos del norte de Italia (en regiones como la Toscana y Vigevano) quienes perfeccionaron esta costura durante la posguerra. Convirtieron el fruncido —que antes era tosco— en un relieve elegante, milimétrico y simétrico, asociando el mocasín con costura fruncida al lujo relajado (casual chic).








